Todos en esta vida, como creyentes, hemos participado de alguna actividad, algún puesto en nuestras iglesias, desde pastores, consejeros, misioneros, evangelistas, pastores de jóvenes, diáconos, etc. Cualquiera sea el puesto, es un lugar de privilegio y bendición. Tenemos que entender que Dios fue el que nos llamó, no el hombre. A veces, en el camino nos vamos a enfrentar a problemas, situaciones y dificultades y tenemos que entender que el que llama a trabajar en la obra, no es el pastor, no es el líder, es Dios mismo. Dios mismo nos hace una invitación, como se la hizo a los discípulos. Como le dijo a Pedro: ¿me quieres seguir, quieres trabajar para mí? Ven, te haré pescador de hombre. Y Pedro dejó todo y siguió al maestro, siguió trabajando para él.
A veces empezamos el año con mucho ímpetu, con mucha fuerza, y creemos que a principio del año, o cuando comenzamos en nuestro cargo, todo será color de rosa y creemos que todo va a salir bien y todos estarán para nosotros. Pero no, en muchas ocasiones ser líder y trabajar para Cristo, significa fracaso, significa que nos darán la espalda, que llegarán momentos de tristeza, que nos van a traicionar, que gente que dijo que estaría para ti, al final no lo estará. Eso es lo que significa trabajar para el Señor. Aquí entramos al titulo de este escrito: “Tu voluntad”.
En una ocasión Jesús dijo: Padre, si es posible, pasa de mí esta copa. El sabía que el trabajo era difícil. Llego el momento que quiso renunciar, pero dijo, más no se haga mi voluntad, sino tu voluntad. Ahora quiero que te preguntes, tu como líder, tu que estás trabajando, que te pusieron a cargo de alguna actividad o puesto, que fue Dios el que te llamo, cuando estas triste, ¿qué haces?, ¿renuncias?, ¿dices “ya no puedo mas”, “lo voy a dejar todo”? A veces dejamos y permitimos que nuestra voluntad sea más grande que la voluntad de Dios. Cuando tu has necesitado de Dios, el te ha dicho que va a estar ahí, el no ha dejado su trabajo a mitad.
Muchos de nosotros cuando nos cansamos, entregamos cargos, dejamos las cosas a mitad, nos vamos sin decirle nada a nadie. Te pregunto: ¿Dios te abandona de esa forma? NO. Sencillamente tenemos que entender que cuando estamos trabajando como creyentes, como cristianos, en una labor donde Dios nos ha establecido, nuestra voluntad debe menguar para que solamente sea la voluntad del Padre. En vez de estar diciendo, no puedo mas, voy a renunciar, debes callar por un momento tu voluntad y dejar que sea la voluntad del Padre la que hable. Cuando estas seguro de quien te llamó, no entregas, no abandonas, no renuncias, a aquello que el Padre cuenta contigo.
Como líder, como ministro, es tiempo que digas, Señor, no será mi voluntad. Aunque el panorama este gris, siempre será tu voluntad.