viernes, 13 de octubre de 2017

Casi me rendía...

 Luego de la tormenta casi me rendía, hasta que recordé que no estoy solo, que el cielo me invita a sonreír, por la sencilla razón de estar. Casi me rendía hasta que recordé que todavía respiro. Casi me rendía hasta que recordé que una generación depende de que me levante por ellos. Casi me rendía porque me quede sin trabajo, hasta que recordé que mis manos son suficiente para producir infinitas posibilidades. Casi me rendía cuando el silencio arropó mi alrededor pero recordé que mi voz podía cantar y mis manos y pies bailar. Casi me rendía cuando vi mi techo desaparecer pero recordé que otros tienen techo y no un hogar (familia) y darían lo que fuera por cambiar el “techo” por un “hogar”. Casi me rendía cuando acabó la gasolina, pero recordé la felicidad que tenía de niño en correr bicicleta. Casi me rendía cuando vi a mi hija desear comodidad, pero recordé la grandeza de la humildad. Casi me rendía cuando me di cuenta que ya no podía más y recordé que cuando no puedo más, entonces aprendo a abandonarme en los brazos del Padre. Casi me rendía cuando vi mis hermanos llorar por la pérdida, pero recordé que soy bienaventurado cuando me levanto a bendecirlos. Casi me rendía cuando me dijeron que la energía eléctrica no vendrá en mucho tiempo, pero recordé los libros sin terminar, los juegos sin jugar, los planes sin acabar, las noches sin contemplar, los proyectos enterrados, el instrumento sin afinar, las tennis sin usar..

Casi me rendía...

PERO RECORDÉ...