Que muchas veces hemos juzgado y dicho que “aquel o el otro se suicidó buscando la salida más fácil”. Que muchas veces hemos “teologizado” la acción de un corazón cansado. El suicidio llega como la única salida. ¿Empatía? Termina cuando no eres lo que esperabas. ¿Amor? Su significado está extinto. ¿Fe? ¿Cómo creer si estoy lleno de dudas? ¿Lealtad? Solo si eres sangre, mientras seas agua no funciona como creías. ¿Amigos? Desaparecen cuando encuentran algo mejor que tú. ¿Dinero? Como llegó, se irá. ¿Familia? Muchas veces son los primeros que desaparecen y por consiguiente, es cuando más te duele.
Entonces, ¿y Dios? ¿Cómo puedo conectarme con un ser intangible, perfecto, eterno, cuando toda mi tristeza, circunstancias, frustraciones, dudas, sueños inconclusos, relaciones fallidas, metas incumplidas y mi mera existencia ahogan lo que me hace conectarme a Él... la fe...
Me encuentro encerrado en un lugar donde, como único puedo salir, será arrastrado, será vencido, pero no puedo, porque donde existo, el éxito es el estándar. Entonces tengo miedo al éxito, tengo miedo, porque eso es lo único que quieren de mi y es mejor mi luz apagar.
Solo me queda una salida y es abrazar la eterna oscuridad y así todo el dolor apagar. Entrar por esa puerta me dará lo que, mientras respire, nunca pude encontrar. Pero, he escuchado, y algo dentro de mi aún ahogado, sabe que la luz entra, que el amor del Padre interviene, que la gracia da un paso donde la oscuridad trabajó por tanto tiempo. Un paso de la gracia es suficiente para presentarme que hay dos salidas, abrazar la oscuridad o caminar en la claridad.
¡Ayúdame, Padre ayúdame!. Sé que mi corazón está cansado de ser perfecto y mientras buscaba la perfección lo rompí y ahora no se como reconstruirlo y hacerlo imperfecto de nuevo, ayúdame, solo ayúdame... disipa el dolor, la ansiedad, la depresión, la frustración, el pasado... Por favor, me abandono en tus brazos...
¡Te pido que tu gracia de un paso!
Fui empático y me puse en el corazón de un deprimido.