viernes, 16 de abril de 2021

Se abren centros de sanación

 

En este tiempo, muchos compañeros pastores se me han acercado en busca de consejo, preguntando qué deben hacer, dado que la nueva orden ejecutiva limita a 30% la cabida en el templo. Anoche mientras oraba, y con temor y temblor escribo estas palabras, sé que algunos van a entender y otros van a criticar, le insto a seguir siendo iglesia. Como ustedes saben, nunca cerré nuestra iglesia, en medio de plena pandemia, seguimos haciendo el trabajo, de hecho, fue cuando más nuestra iglesia salió a las calles. Y hoy por hoy, tengo más personas en la iglesia, que antes de la pandemia, y siguen llegando, porque en este tiempo es cuando más necesidad hay y cuando más las puertas de la iglesia deben estar abiertas.

Y lo que les diré ahora sonará fantasioso, pero si usted todavía cree en un Dios vivo y de poder, y cree que mayores cosas haremos, esto le sonará, no como fantasía sino como un reto. Mientras oraba anoche, el espíritu me llevaba al libro de Hechos, al pasaje donde traían enfermos de otras ciudades para que la sombra de Pedro sanara los enfermos. Ahí fue cuando me llegó la expresión: “centro de sanación”. Desde anoche, empecé a orar para que nuestra iglesia sea centro de sanación y no de vacunación. Para que mi iglesia, más que un lugar donde te ponen anticuerpos, sea un lugar donde seas lavado por la sangre de Cristo, que tiene más efecto que eso.

Sí tengo una responsabilidad con las leyes terrenales, pero tengo una mayor con las leyes del cielo. Nuestra iglesia tiene que volver a manifestar los dones, como dice la Palabra, cualquier cosa que pidiéremos al Padre será hecho, es tiempo de volver a creer, creer que milagros sucedan en este tiempo. Pastores, abramos nuestros centros de sanación. Les digo esto porque en el año transcurrido, no ha habido contagios en nuestra iglesia, porque la Biblia es clara, cuando nos encargamos de sus asuntos, Él se encarga de nosotros, incluyendo nuestra salud. Y si usted es de los que necesita la aprobación del hombre para hacer ciertas cosas, pues déjeme decirle que ese mismo hombre (gobierno) dijo que los contagios ocurridos en las iglesias representan un 4%, lo que significa que la iglesia es el lugar de menos contagios. Si no cierran los lugares de mayores contagios, si pueden seguir yendo a lugares como Costco, Walmart, ¿por qué cerrar el lugar de menos contagio?

Mi consejo a la pastoral hoy, si la orden dice 30%, no hay porque cerrar la iglesia, lo que hay que hacer es dar más cultos, más sermones. Ahora mismo me estoy preparando para dar más cultos un domingo. Ahora el verdadero pastor, por amor a sus ovejas, si tiene que dar 5-6 cultos, los va a dar, para alcanzar a toda su congregación. Y lo otro que puedes hacer pastor, es educar, los medios llevan diciéndonos que la buena alimentación, el ejercicio y la salud, es la mejor medicina para el Covid. Si quieres cuidar a tu iglesia, cuídalos diciéndoles que hacer ejercicio es bíblico. Que beber agua es lo correcto y no Coca Cola. Que decir: “los cristianos no beben, pero comen”, no es sano. Como ministro de este tiempo, y líder que tiene la inmerecida labor de pastorear a otros pastores, quería, desde mi corazón, poder traer palabras de dirección y vida. Este es tiempo, más q nunca, de que se abran nuestros centros de sanación.

Reflexiones de un joven pastor

lunes, 6 de julio de 2020

¿Únicos o fracciones?



Hace unos días estaba viendo la serie “Dark” donde, dentro de uno de los diálogos salió una expresión similar a esta. Fue inevitable ponerle pausa y que mi mente empezara a fluir, pensar y analizar. Me di cuenta que muchos de nosotros sí somos únicos, tenemos un iris único, nuestra huella dáctil es única. Nadie lo quita del tapete. En esta mentalidad “única” olvidamos que lo único de nosotros cobra vida cuando se une al cuerpo. La Biblia dice que Dios es la cabeza y nosotros somos el cuerpo. Si nosotros somos el cuerpo, somos una fracción de algo. Así que, cuando vemos las cosas desde la perspectiva correcta, nosotros realmente somos, cuando no jugamos un papel de ser y “hacer” únicos, sino dentro de nuestra creación única ser fracción. 

Aunque mientras lea esto le parezca complicado, déjeme explicarle de una forma más sencilla. La rueda de un carro es algo único, no es igual que un motor. La rueda tiene cosas diferentes al motor. Por más motor que tenga un carro, si no tiene ruedas no funciona, y viceversa. Ambos son únicos, pero el motor no se sale del carro para irse solo, no trae una predicación de sí mismo. El motor no le exige a la rueda que sea como él. El motor es el motor. El motor no se va para otro lugar, porque es una fracción de un cuerpo que es el vehículo. La rueda no se va lejos sola, porque, aunque sea única, sin el motor no funciona. Somos únicos, pero no funcionamos sin cumplir la razón por la que existimos. Existimos de forma única, pero para ser fracción. Somos únicos pero hacemos de forma fraccionaria. Hay algo mayor que se va a producir. Hay algo más grande que funciona cuando somos fracción. Dios es la cabeza y nosotros el cuerpo. 

Hoy en día existen libros, conferencias, de cómo celebrar lo ÚNICO de nosotros... pero nadie nos enseña a ser FRACCIÓN...

Quiero invitar a alguien que pueda pensar y que pueda celebrar su parte única, pero que entienda que su parte única sola no funciona. Necesitas lo único de tu prójimo. La iglesia, una compañía, relaciones, lo que sea en este mundo, sea creyente o no creyente, nada funciona de forma única. Al final todo es un cuerpo, todo es un edificio, todo es una misma unidad. Cada parte única representa una fracción de esa gran unidad. No te minimices por ser una fracción. Celébrate porque eres parte de algo más grande de forma única. Lo que cargas es único, pero no porque lo que cargues sea único significa que vas a minimizar lo único de tu prójimo. Lo necesitas. Léeme, necesitas a tu prójimo. Sólo cada parte única, uniéndose y llegando a su lugar como pequeñas fracciones, llegará a echar esta unidad a correr. La iglesia tiene que dejar de actuar de forma única. Tenemos que unirnos en fracciones y echar esto a correr.

Bendiciones…

jueves, 19 de marzo de 2020

El suicidio fue la única salida




Que muchas veces hemos juzgado y dicho que “aquel o el otro se suicidó buscando la salida más fácil”. Que muchas veces hemos “teologizado” la acción de un corazón cansado. El suicidio llega como la única salida. ¿Empatía? Termina cuando no eres lo que esperabas. ¿Amor? Su significado está extinto. ¿Fe? ¿Cómo creer si estoy lleno de dudas? ¿Lealtad? Solo si eres sangre, mientras seas agua no funciona como creías. ¿Amigos? Desaparecen cuando encuentran algo mejor que tú. ¿Dinero? Como llegó, se irá. ¿Familia? Muchas veces son los primeros que desaparecen y por consiguiente, es cuando más te duele. 

Entonces, ¿y Dios? ¿Cómo puedo conectarme con un ser intangible, perfecto, eterno, cuando toda mi tristeza, circunstancias, frustraciones, dudas, sueños inconclusos, relaciones fallidas, metas incumplidas y mi mera existencia ahogan lo que me hace conectarme a Él... la fe...

Me encuentro encerrado en un lugar donde, como único puedo salir, será arrastrado, será vencido, pero no puedo, porque donde existo, el éxito es el estándar. Entonces tengo miedo al éxito, tengo miedo, porque eso es lo único que quieren de mi y es mejor mi luz apagar. 

Solo me queda una salida y es abrazar la eterna oscuridad y así todo el dolor apagar. Entrar por esa puerta me dará lo que, mientras respire, nunca pude encontrar. Pero, he escuchado, y algo dentro de mi aún ahogado, sabe que la luz entra, que el amor del Padre interviene, que la gracia da un paso donde la oscuridad trabajó por tanto tiempo. Un paso de la gracia es suficiente para presentarme que hay dos salidas, abrazar la oscuridad o caminar en la claridad. 

¡Ayúdame, Padre ayúdame!. Sé que mi corazón está cansado de ser perfecto y mientras buscaba la perfección lo rompí y ahora no se como reconstruirlo y hacerlo imperfecto de nuevo, ayúdame, solo ayúdame... disipa el dolor, la ansiedad, la depresión, la frustración, el pasado... Por favor, me abandono en tus brazos...

¡Te pido que tu gracia de un paso!

Fui empático y me puse en el corazón de un deprimido. 

sábado, 29 de febrero de 2020

Deténte, agradece


Quiero compartir este escrito ya que en las últimas dos semanas he estado leyendo de constantes suicidios en pastores en Latinoamérica. Siempre nos alarmamos cuando vemos esto en Estados Unidos o en nuestro país, pero en Latinoamérica pasa mucho. En Estados Unidos desde el 2016, son los últimos 4 años dónde más pastores ha habido en depresión. Lo mismo pasa en otros lugares del mundo.

Hago este llamado para unirnos a orar, unirnos a levantantar en vez de criticar, a comprender en vez de señalar.

A veces las ovejas dejamos de ser ovejas y eso carga más a los pastores. Decimos “ay el pastor está cargado, mejor no le escribo, no sea que mi problema lo cargue más”. 

Pero, una de las cosas que más carga a los pastores es saber que la oveja tiene un problema y no busca la ayuda. Saber que la oveja se consume por dentro. Los pastores tienen una capacidad única que Dios les ha dado para manejar todo tipo de situación. 

Pero quiero trabajar un punto que tal vez nadie ha hablado. La razón por la cual hay alza en suicidios de pastores, es porque el pastor de hoy en día trabaja más que los de antes. Me explico, los pastores todavía vamos a los hospitales, visitamos las casas, y eso los pastores de antes lo hacían, no los estoy criticando. La diferencia está en que el pastor de antes recibía la carga de la oveja en la iglesia, luego llegaba a su casa y recibía una que otra llamada (el que tenía teléfono). Las demás llamadas las recibía al otro día y si el pastor salía a visitar enfermos, y no tenía celular, no había forma de conseguirlo hasta que llegara a su casa. 

El pastor de ahora, está a la distancia de un texto. Ya no hay que esperar a llegar a la iglesia para hablar con el pastor. El celular del pastor es su peor carga, porque la oveja lo tiene más accesible. Y el pastor que ama, al instante que recibe ese texto, hace ese problema suyo, y luego entra otro texto y otra llamada, hay días que el celular no para. El pastor llega a la iglesia, y otra oveja lo cargó. Además, hay ovejas que esperan una respuesta rápida, algunas llegan a molestarse si el pastor no contesta el texto al instante, algunas llegan a irse de la iglesia porque el pastor no les respondió en el tiempo que esperaban. Mientras tanto, el pastor continúa haciendo malabares para llegar a todos de la forma más rápida posible, mientras cumple con su familia, con su trabajo eclesiástico y con sus necesidades personales. 

No hago este escrito para que usted deje de llegar a donde su pastor o para que piense que los pastores no quieren recibir llamadas o textos. Sino para que, como mismo le contó su problema, también saque tiempo para agradecerle. Pastor le amo, pastor gracias por ese abrazo el domingo en la puerta, gracias por la predicación que me alimentó. Como mismo lo cargamos, también lo levantemos. 

Estaba leyendo un análisis sobre estos pastores en depresión y muchos decían que el problema era que se sentían solos porque el acercamiento a ellos siempre fue para cargas y problemas. El problema no es la carga de la oveja, sino que ellos también necesitaban un te amo, un “pastor estoy aquí sosteniéndolo”.

Hoy hago un llamado a compañeros, líderes, pastores, si usted se encuentra así triste, hable, diga algo. No se muera por miedo a compartir su dolor, usted es humano también. Y oveja que me lee, no deje de contarle su problema al pastor. Ese es el trabajo del pastor y el ama poder ayudarle. Pero después que le deje saber, dígale también cuanto lo ama.

Oremos por la pastoral. 

Reflexiones de un joven pastor. 

martes, 10 de diciembre de 2019

Hablemos de fanáticos…

En estos días estaba viendo un reporte donde el comisionado de la NBA está buscando nuevas estrategias ya que ESPN y TNT han tenido una baja en audiencia de un 22%. Mientras observaba eso recordaba que hace aproximadamente 12 años, cuando el comisionado era David Stern, él cambió las reglas de defensas en lo que es el “hand check” para promover que hubiera mayor ofensiva en la NBA. En la NBA los juegos promediaban entre 85 a 90 puntos por juego. Buscando que hubieran más puntos (más capacidad ofensiva), él cambió las reglas a beneficio de los fans. Lo curioso es que cada jugador cobra porque existe un fan. Si no existieran fans, los jugadores no pueden cobrar. 

Cada deporte se crea por una pasión donde a alguien le gustaba jugar aunque no le pagaran. En el camino comienza la gente a disfrutar el ver a otras personas. Llega un punto donde la razón principal se pierde porque le prometieron un dinero a ese jugador. Ahora el jugador depende de que ese fan llegue al juego. Si el fan no llega al juego, el jugador no cobra. Por lo tanto, el fan tiene el poder y la capacidad de amenazar al jugador. Si no ve lo que le gusta no va, por lo tanto el jugador no cobra. El jugador entonces deja de actuar con pasión e integridad por miedo a perder el fan que le exige al jugador lo que quiere ver. 

Habiendo dicho esto, me preocupa que la iglesia se convierta en un negocio donde queramos darle al que llega lo que quiere y lo veamos como un fan. Donde la persona que llega a nuestra iglesia diga “me gusta que sea a este ritmo”, “me gusta que se haga esto”, “me gusta que se haga lo otro”, y nosotros por miedo a perder la ofrenda, el diezmo o la asistencia de una persona le demos a la gente lo que ellos piden y olvidemos lo que realmente es la pasión, la entrega, el evangelio, el reino, lo que enseña la palabra. Esto me recordaba cuando los discípulos le decían al Maestro que la gente se estaba yendo y Jesús les contestó: “¿Y tú, te quieres ir con ellos?” 

Tenemos que cuidarnos de no actuar como los comisionados de la NBA, que por miedo a que el rating baje, ahora están buscando estrategias para que los fans no se vayan y así puedan pagarle a las estrellas de la NBA. Jugadores que no juegan porque les gusta el deporte, sino porque están cobrando. Hoy en día nuestros grupos de adoración están cobrando, nuestros músicos están cobrando para darle algo a la gente que le guste. Al final le damos todo menos la esencia, entrega y pasión. Me asusta que la iglesia tenga fans en lugar de verdaderos discípulos, jugadores en lugar de verdaderos ministros entregados al evangelio.

Pastor, ministro, líder, oveja que me lees…volvamos a ser lo que Cristo quería que fuéramos: hijos, discípulos, mártires dispuestos a darlo todo por el evangelio de Cristo. Al final del día no le vamos a dar a la gente lo que quiere, sino lo que necesita…a Cristo. Cristo no necesita ser aplaudido, no necesita ratings. Cristo fue, es y siempre será.

Reflexiones de un joven pastor…

#xionellfortyministries

viernes, 11 de octubre de 2019

Descuidos...


En la vida a veces hay cosas que se nos van de las manos, las perdemos y de momento nos preguntamos ¿qué pasó?, ¿por qué pasó esto? Lo que no sabemos es que fueron descuidos. Quiero simplemente aconsejar hoy que sea lo que tengas en tus manos, sea un ministerio, sea una relación de hijo/a, una relación de padre, sea un/a novio/a, un/a esposo/a, un amor en tu vida…cuídalo. No lo descuides. A veces no invertimos tiempo, no le recordamos a esa persona cuánto le amamos. A veces en el ministerio no invertimos tiempo en lo importante que es Dios. Hoy quiero llamar a la reflexión y preguntarles, ¿cuánto tiempo estás invirtiendo en eso que amas? A veces al tener ciertas cosas por seguras, como “estoy casado”, “estos son mis hijos”, “llevo tantos años en el ministerio” damos por sentado y no sabemos que lo estamos descuidando y lo estamos alejando porque no estamos  sacando tiempo para cuidarlo. Lo que se ama, se cuida, se invierte tiempo, se protege, se invierte en eso que se ama.

Así que hoy sencillamente cuidado con los descuidos. Cuídate de no descuidar aquello que un día amaste, aquello que un día te levantó, aquello que un día te sostuvo. Hoy sencillamente saca tiempo para aquel amigo que estuvo contigo en el peor momento y tal vez ya lo olvidaste y envíale un mensaje dándole gracias por aquel momento donde nadie estuvo y él sí estuvo. Hoy es día de sacar tiempo para invertir y cuidar cosas esenciales en nuestras vidas. No te descuides, cuídate.

lunes, 9 de septiembre de 2019

¡Maldito el hombre que confía en otro hombre! (No recibiré bendición)

En esta ocasión, quiero trabajar un aspecto que pocas veces se trabaja o no lo hemos hablado de la forma correcta. Quiero enseñarles una verdad bíblica, y es la siguiente: Dios utiliza al hombre para bendecir al hombre. Es a través de la humanidad que Dios se manifiesta y bendice a otro. 

Mientras Dios nos quiere usar para bendecir, por otro lado, el enemigo toma ventaja y nos manipula, nos influye y nos utiliza para destruir, para lacerar a otras personas. Pero Dios quiere que los hombres estén unidos, que estén en armonía. La Palabra de Dios dice que donde hay unidad, allí envía Jehová bendición y vida eterna (Salmo 133). Hay un poder en la unidad. 

Pero hay un problema, y es que a través de la gente recibimos heridas. Hemos tomado el versículo que dice: “…maldito el varón que confía en el hombre…” (Jeremías 17:5) y lo utilizamos para decir: “no tengo que confiar en el hombre”, “no puedo confiar en nadie”. Entonces, llega el punto donde estoy en una situación difícil y Dios quiere bendecirme a través de otro hombre, pero yo no recibo la bendición, porque digo: “esto es solo Dios y yo”.

Lo curioso es que citamos el versículo de Jeremías sin conocer su contexto. Jeremías le da una profecía a un pueblo idólatra, un pueblo que había puesto su confianza en falsos profetas. Profetas que le profetizaban lo que ellos querían escuchar. Dios tuvo que levantar a un hombre para decirle al pueblo: “no confíen en estos hombres”. 

Lo irónico es que la gente dice: “no puedo confiar en los hombres”, tomando este versículo como base, pero al hacerlo, están confiando en la palabra que fue dicha por un hombre. Hemos utilizado este versículo para mantener una postura egoísta. ¿Qué pasa cuando Dios quiere bendecirnos? Pero luego viene un hombre y traiciona a una mujer, y la mujer toma la postura de: “no puedo confiar en los hombres”, o viceversa, un hombre era feliz y vino una mujer y le hizo algo malo y ya cambió su perspectiva hacia las mujeres. Con estas actitudes, estamos cerrando puertas a los que sí nos pueden bendecir. 

Llegamos a decir que no confiamos en nadie. Detenemos la bendición. La Biblia, por el contrario, nos invita a amarnos los unos a los otros, a buscarnos unos a otros, nos invita a la unidad, al ósculo santo. “…Estaban todos unánimes juntos” (Hebreos 2:1). Toda la Biblia me está diciendo que seré bendecido por la mano de otro hombre. 

Mire que irónico es esto, que decimos que no confiamos en el hombre, pero vamos al médico y sin conocerlo, confiamos en él. Nos justificamos diciendo que el médico está preparado, capacitado. Pues así mismo hay gente igual de capacitada dentro de las iglesias. Yo he vivido traiciones y he traicionado a gente también. Pero no por culpa mía, usted deje de abrazar a otro que sí lo puede bendecir. Así tampoco, por culpa de otro que lo hirió a usted, no me cierre las puertas para que yo pueda bendecirlo. 

Nosotros tomamos una sola experiencia, de muchísimas más, para generalizar de la forma incorrecta. No detenga las bendiciones, es a través de su prójimo que Dios lo va a bendecir. No se encierre en esta penumbra de "Dios y yo".

Para ilustrar esto, hay una historia bien conocida, que habla de un hombre que se estaba ahogando y dijo: “Dios sálvame”. Dios le dijo que le iba a salvar. Llegó un barco, pero el hombre dijo: “no, Dios me va a salvar”, llegó un helicóptero, pero el hombre dijo: “no, Dios me va a salvar”. Luego llega una ballena, pero el hombre seguía: “no, Dios me va a salvar”. Al final, el hombre muere y llega al cielo, entonces le pregunta a Dios: “¿por qué no me salvaste?” Dios le contesta: “sí, te envié un barco, un helicóptero, hasta te envié una ballena”, el hombre se molesta y le dice a Dios: “pero tu dijiste que tú lo ibas a hacer”, y Dios le responde, “sí, pero con mis instrumentos, no los tuyos”. Nos enfocamos en que Dios tiene que mandar a un ángel, pero el ángel que tanto esperamos, puede ser nuestro prójimo.

No olvidemos que, aunque fallamos, no debemos cerrar las puertas. A veces Dios nos lleva al mismo lugar que nos hirieron, para sanarnos. Abraza la bendición, abraza el Moisés que te va a enseñar a ser un conquistador, el Elías que te va a dirigir, el Jonatán que será tu amigo. 

Sigamos uniéndonos como iglesia. Dejemos el individualismo y la desunión a un lado. Dejemos de levantar paredes, y construyamos puentes que nos unan a nuestros hermanos.