sábado, 29 de febrero de 2020

Deténte, agradece


Quiero compartir este escrito ya que en las últimas dos semanas he estado leyendo de constantes suicidios en pastores en Latinoamérica. Siempre nos alarmamos cuando vemos esto en Estados Unidos o en nuestro país, pero en Latinoamérica pasa mucho. En Estados Unidos desde el 2016, son los últimos 4 años dónde más pastores ha habido en depresión. Lo mismo pasa en otros lugares del mundo.

Hago este llamado para unirnos a orar, unirnos a levantantar en vez de criticar, a comprender en vez de señalar.

A veces las ovejas dejamos de ser ovejas y eso carga más a los pastores. Decimos “ay el pastor está cargado, mejor no le escribo, no sea que mi problema lo cargue más”. 

Pero, una de las cosas que más carga a los pastores es saber que la oveja tiene un problema y no busca la ayuda. Saber que la oveja se consume por dentro. Los pastores tienen una capacidad única que Dios les ha dado para manejar todo tipo de situación. 

Pero quiero trabajar un punto que tal vez nadie ha hablado. La razón por la cual hay alza en suicidios de pastores, es porque el pastor de hoy en día trabaja más que los de antes. Me explico, los pastores todavía vamos a los hospitales, visitamos las casas, y eso los pastores de antes lo hacían, no los estoy criticando. La diferencia está en que el pastor de antes recibía la carga de la oveja en la iglesia, luego llegaba a su casa y recibía una que otra llamada (el que tenía teléfono). Las demás llamadas las recibía al otro día y si el pastor salía a visitar enfermos, y no tenía celular, no había forma de conseguirlo hasta que llegara a su casa. 

El pastor de ahora, está a la distancia de un texto. Ya no hay que esperar a llegar a la iglesia para hablar con el pastor. El celular del pastor es su peor carga, porque la oveja lo tiene más accesible. Y el pastor que ama, al instante que recibe ese texto, hace ese problema suyo, y luego entra otro texto y otra llamada, hay días que el celular no para. El pastor llega a la iglesia, y otra oveja lo cargó. Además, hay ovejas que esperan una respuesta rápida, algunas llegan a molestarse si el pastor no contesta el texto al instante, algunas llegan a irse de la iglesia porque el pastor no les respondió en el tiempo que esperaban. Mientras tanto, el pastor continúa haciendo malabares para llegar a todos de la forma más rápida posible, mientras cumple con su familia, con su trabajo eclesiástico y con sus necesidades personales. 

No hago este escrito para que usted deje de llegar a donde su pastor o para que piense que los pastores no quieren recibir llamadas o textos. Sino para que, como mismo le contó su problema, también saque tiempo para agradecerle. Pastor le amo, pastor gracias por ese abrazo el domingo en la puerta, gracias por la predicación que me alimentó. Como mismo lo cargamos, también lo levantemos. 

Estaba leyendo un análisis sobre estos pastores en depresión y muchos decían que el problema era que se sentían solos porque el acercamiento a ellos siempre fue para cargas y problemas. El problema no es la carga de la oveja, sino que ellos también necesitaban un te amo, un “pastor estoy aquí sosteniéndolo”.

Hoy hago un llamado a compañeros, líderes, pastores, si usted se encuentra así triste, hable, diga algo. No se muera por miedo a compartir su dolor, usted es humano también. Y oveja que me lee, no deje de contarle su problema al pastor. Ese es el trabajo del pastor y el ama poder ayudarle. Pero después que le deje saber, dígale también cuanto lo ama.

Oremos por la pastoral. 

Reflexiones de un joven pastor. 

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