martes, 28 de junio de 2016

10 cosas que hacemos mejor en el trabajo que en la iglesia...



Gracias a todos nuestros lectores por cada comentario de bendición y cada crítica constructiva. Cada vez que escribo un escrito es para crear en nosotros la reflexión y el pensamiento individual. Muchos de nuestros escritos son pensamientos que llegan, o dudas que en algún momento alguien nos presentó. Quería dejarles saber nuevamente que gracias por su apoyo y por ser los mejores lectores que hay. Un abrazo…


En esta ocasión quiero trabajar un aspecto práctico y que todos lo hemos vivido y que debe ser de reflexión para cada uno de nosotros. Creo que todos hemos dicho o escuchado en algún momento… “estoy cansado, no puedo ir a la iglesia”, “tengo dolor de cabeza y no podré ir hoy”, “no tengo transportación”, “en la iglesia hay cosas que no me gustan”, “en la iglesia esto y lo otro”…

Hoy solo quiero que nos miremos y veamos nuestro “yo” en el trabajo vs. la iglesia.


Trabajo
Iglesia
Aunque estamos enfermos vamos al trabajo, y si faltamos le explicamos por qué al jefe.
Si estamos enfermos faltamos, cuando nos jactamos que la iglesia es un hospital, y si vamos a faltar, no le decimos nada al pastor cuando debemos dejarle saber, cómo dice la Palabra, porque ellos velan por nuestras almas y rendirán cuenta.
Al trabajo no llegamos tarde.
A la iglesia llegamos tarde. En la semana algunos podrán tener sus excusas justificables por el horario del trabajo. Pero el domingo, el día del señor, donde la mayoría no trabaja, como quiera llegan tarde. En ocasiones casi al momento de la predica. Están también los que los domingos se levantan temprano para visitar playas o piscinas, pero para la iglesia no pueden levantarse.
En el trabajo damos lo mejor y hasta empleados del mes somos.
En la iglesia no damos lo mejor y nos justificamos diciendo: “Dios me entiende”. (Quisiera verlos diciéndole a su jefe que los entienda.)
Al trabajo llegamos aunque sea en guagua pública o buscamos la forma que sea.
A la iglesia sencillamente decimos: “es que no quiero molestar a nadie”.
Si en el trabajo mi jefe no me gusta o la gente es hipócrita me quedo trabajando.
En la iglesia si el pastor no me gusta o los hermanos son hipócritas, me voy a otra iglesia, o sencillamente cometo el peor error que puede hacer un creyente, dejar de congregarse.
Podemos estar extremadamente cansados y aun así vamos a trabajar y respetamos las normas en el trabajo.
Si estamos cansados, no vamos a la iglesia y cuestionamos todo.
El trabajo es sagrado y nadie puede tomar ese tiempo, es entendible que alguien no comparta con su familia porque está trabajando, hasta para graduaciones y actividades…
Pero si alguien no comparte con su familia por estar en la iglesia se desata el Armagedón y decimos.. “como es posible que no comparta con su familia por estar en la iglesia”…pero ¿por qué no faltan al trabajo para estar con la familia?...
En el trabajo hacen Summer’s club y Christmas’ club y cuotas para cosas sin sentido…
Pero en la iglesia no pueden diezmar ni ofrendar.
En el trabajo aceptamos críticas constructivas de nuestros jefes y las implementamos en busca de un aumento salarial…
En la iglesia, si el pastor nos hace un acercamiento acerca de nuestra conducta, nos ofendemos y lo tomamos personal (cuando el mejoramiento no es para una recompensa monetaria sino celestial).
En el trabajo se concentran y sueltan todo.
En la iglesia tienen prisa cuando solo van tres veces a la semana, en total de 8 a 10 horas vs 40 de trabajo.

Hoy sencillamente quiero que abramos los ojos… la Biblia dice que el hombre de doble ánimo es inconstante en TODOS sus caminos. No puedes ser el mejor en el trabajo y en otras cosas no. Eres lo que eres en cualquier lugar… paremos de justificarnos… y meditemos. Creo que es tiempo de hacer como dice la Biblia, buscar lo de arriba, dar lo mejor al que me dio lo mejor, y que el mundo vea con nuestras acciones que nuestro tesoro no está aquí en la tierra sino en el cielo.

viernes, 24 de junio de 2016

Dios, ministerio y familia



En esta ocasión vamos a trabajar algo que uno de nuestros lectores nos ha pedido. Trabajamos estos temas, ya que son relevantes y pertinentes a nuestro conocimiento, como ministros, tanto como creyentes. Entiéndase que lo primero es Dios, luego la familia y por último el ministerio… Tomando esto en cuenta, se ha planteado el siguiente debate:

En una familia hay alguien que tiene un llamado de parte del Señor, se esté ejerciendo o no, sea evangelístico, pastoral, etc. ¿Qué sucede si un miembro de su familia le pide que renuncie a ese llamado (no a Dios), es decir, renunciar al ministerio?  ¿Qué acción debe tomarse?

Esto es algo bien difícil, a lo que muchos tienen diversas opiniones, justificaciones o puntos de vista, en muchas cosas. La realidad es que es importante destacar que Dios fue quien hizo el llamado. Existe una gran variedad de casos… Tenemos aquellos que se afanan por el ministerio y abandonan a la familia. Es ahí donde se levantan muchos a decir que el primer ministerio es la familia. Otros abandonan el ministerio por la familia…

¿Qué dice la biblia?

1.        ”Buscad primeramente el reino de Dios...." (Mateo 6:33)
2.         Jesús dijo en el libro de Mateo: El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí… (Mateo 10:37),  Es decir,  si tu matrimonio va primero que Él, no eres digno. Si tu familia va primero que Él, no eres digno.

             Por otra parte, se debe pensar que, si alguien está dispuesto a darlo todo hoy, debe reflexionar y ver lo que estás dispuesto a perder por Jesús.

1.        Podemos entender que una familia que no acepte el llamado que Dios hizo, no está contendiendo contra la persona que Dios escogió, sino contra Dios mismo.
2.        Si mi familia me pidiera esto, pudiera dolerme por dos razones:
a.       Sentiré que nunca cumplí con mi responsabilidad de educar a mi familia acerca de  las prioridades: Antes que yo, está el Señor.
b.       Me dolería que mi familia me amara a mí, más que a Dios.
c.        Fallaría como sacerdote si mi familia adopta una postura en la que su felicidad gire en torno a una visión tan materialista e individual, cuando la pasión de todo cristiano, antes de cualquier cosa en este mundo, debe ser Dios mismo, pues la felicidad es Dios mismo...

             Es incómodo pensar que una familia quisiera la renuncia de uno de los suyos a una pasión (Cristo mismo, no el ministerio), por estar con ellos, o dedicar tiempo, etc.  No digo que no se debe compartir con la familia.  Entendemos que Dios llama al hombre a ser buen sacerdote del hogar, así como a amar, respetar y honrar a la esposa, como Cristo amó la iglesia.  Igualmente llama a la mujer a ser sabia, y buena administradora de su hogar.  Llama a la mujer a ser prudente, a cercar su casa y anticiparse al futuro, (según Proverbios 31, Mujer sabia edifica su casa, más la necia con sus manos la destruye).  En otras palabras, no hay duda de la responsabilidad que cada ministro, o persona que responde al llamado de Dios, tiene para con su casa.  No obstante, hace un tiempo escuchaba de un pastor que estuvo trece años pastoreando y su esposa se cansó y una tarde luego de un fuerte domingo luego de la iglesia sencillamente le dijo ¨tu escoges o el pastorado o yo¨… El pastor intentó buscar una solución pero su esposa sencillamente no amaba el sueño de Dios para él. Luego de dos meses el pastor sencillamente renunció al pastorado por tal de ganar a su esposa. Muchos lo aplaudieron, otros lo criticaron. Veinte años después con lágrimas en los ojos, este le confesó a su hijo mayor que llevaba veinte años haciendo feliz a su madre, pero que él se sentía frustrado, pues sabía que no había cumplido el sueño de Dios en su vida.

            Cuando escuché esta historia mi corazón no pudo evitar saltar porque sencillamente, si algo hay seguro en esta vida es el cielo, pero… ¿qué estamos dispuestos hacer por retener la salvación?

          Ojo… No hay nada más hermoso que la familia. Dios mismo la constituyó, la estableció, la posicionó en sus planes, en su eternidad están nuestras familias… Pero una de las razones por la cual existen nuestras familias es para trabajar para Él, vivir por el morir por Él… Pienso que es ahí donde muchos no comprenden que una vez que nuestras familias cristianas han perdido este norte, no pueden arrastrar al que todavía entiende que no se trata de nosotros sino de Él… que lo que podemos pensar o sentir no es nada porque todo se trata de Él. Es importante, conocer a quien elegimos como nuestra ayuda idónea y como sacerdotes de nuestro hogar.

          Lewis decía: si encuentro en mí un deseo que ninguna experiencia de este mundo logre satisfacer, lo más probable es que me hayan creado para vivir en otro mundo. Cuando leí esto sencillamente confirmé que ningún trabajo, dinero, matrimonio, familia, ministerio, podrá llenar lo que solo Jesús llenará. Juan dice que no somos de este mundo, entonces la forma en que vivimos debería ser con los pies en la tierra, pero nuestra mirada en el cielo.

        Agustín dijo: nuestro corazón andará inquieto mientras no descanse en ti… Nuevamente, Jesús es todo y pudiera pasar que nuestro egoísmo no nos deje ver cuando queríamos buscarlo realmente, queríamos ser hallados porque todo era yo cuando se trataba de Él... hasta nuestros intentos por acercarnos a Él van en busca de algo para nosotros y no para Él… Entonces.. ¿Qué le estamos dando?

        Para cerrar… Un ministerio es una labor que Él te encomendó.  Un matrimonio lo escoges tú.  Asegúrate de dejarle saber a tu pareja o familia, antes de establecer un compromiso, que tienes un llamado. Asegúrate de que esta persona ame lo que amas, no que te ame a ti más que a Dios, sino que ame a Dios sobre toda las cosas.  He allí la verdadera felicidad, el verdadero deleite. Si ya tienes pareja, y como le pasó a aquel pastor, te retan a renunciar a un llamado, piensa: hacer feliz a mi esposa o familia, o buscarlo primero a Él y cumplir su propósito y confiar que Él se encargará de trabajar lo demás. Son muchos factores, pero lo más importante es que Dios sea lo primero, porque lo demás será ordenado… recuerda no eres de este mundo… Acumula tesoros en el cielo, no en la tierra.  Honra a tu familia, pero sobre todo, honra a Dios, y verás sus añadiduras en tu vida.