Gracias a todos nuestros lectores por cada comentario de bendición
y cada crítica constructiva. Cada vez que escribo un escrito es para crear en
nosotros la reflexión y el pensamiento individual. Muchos de nuestros escritos
son pensamientos que llegan, o dudas que en algún momento alguien nos presentó.
Quería dejarles saber nuevamente que gracias por su apoyo y por ser los mejores
lectores que hay. Un abrazo…
En esta ocasión quiero trabajar un aspecto práctico y que todos lo
hemos vivido y que debe ser de reflexión para cada uno de nosotros. Creo que
todos hemos dicho o escuchado en algún momento… “estoy cansado, no puedo ir a
la iglesia”, “tengo dolor de cabeza y no podré ir hoy”, “no tengo
transportación”, “en la iglesia hay cosas que no me gustan”, “en la iglesia
esto y lo otro”…
Hoy solo quiero que nos miremos y veamos nuestro “yo” en el
trabajo vs. la iglesia.
Trabajo
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Iglesia
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Aunque
estamos enfermos vamos al trabajo, y si faltamos le explicamos por qué al
jefe.
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Si
estamos enfermos faltamos, cuando nos jactamos que la iglesia es un hospital,
y si vamos a faltar, no le decimos nada al pastor cuando debemos dejarle
saber, cómo dice la Palabra, porque ellos velan por nuestras almas y rendirán
cuenta.
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Al
trabajo no llegamos tarde.
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A
la iglesia llegamos tarde. En la semana algunos podrán tener sus excusas
justificables por el horario del trabajo. Pero el domingo, el día del señor,
donde la mayoría no trabaja, como quiera llegan tarde. En ocasiones casi al
momento de la predica. Están también los que los domingos se levantan
temprano para visitar playas o piscinas, pero para la iglesia no pueden
levantarse.
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En
el trabajo damos lo mejor y hasta empleados del mes somos.
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En
la iglesia no damos lo mejor y nos justificamos diciendo: “Dios me entiende”.
(Quisiera verlos diciéndole a su jefe que los entienda.)
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Al
trabajo llegamos aunque sea en guagua pública o buscamos la forma que sea.
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A
la iglesia sencillamente decimos: “es que no quiero molestar a nadie”.
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Si
en el trabajo mi jefe no me gusta o la gente es hipócrita me quedo
trabajando.
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En
la iglesia si el pastor no me gusta o los hermanos son hipócritas, me voy a
otra iglesia, o sencillamente cometo el peor error que puede hacer un
creyente, dejar de congregarse.
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Podemos
estar extremadamente cansados y aun así vamos a trabajar y respetamos las
normas en el trabajo.
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Si
estamos cansados, no vamos a la iglesia y cuestionamos todo.
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El
trabajo es sagrado y nadie puede tomar ese tiempo, es entendible que alguien
no comparta con su familia porque está trabajando, hasta para graduaciones y
actividades…
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Pero
si alguien no comparte con su familia por estar en la iglesia se desata el Armagedón
y decimos.. “como es posible que no comparta con su familia por estar en la iglesia”…pero
¿por qué no faltan al trabajo para estar con la familia?...
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En
el trabajo hacen Summer’s club y Christmas’ club y cuotas para cosas
sin sentido…
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Pero
en la iglesia no pueden diezmar ni ofrendar.
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En
el trabajo aceptamos críticas constructivas de nuestros jefes y las
implementamos en busca de un aumento salarial…
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En
la iglesia, si el pastor nos hace un acercamiento acerca de nuestra conducta,
nos ofendemos y lo tomamos personal (cuando el mejoramiento no es para una
recompensa monetaria sino celestial).
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En
el trabajo se concentran y sueltan todo.
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En
la iglesia tienen prisa cuando solo van tres veces a la semana, en total de 8
a 10 horas vs 40 de trabajo.
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Hoy sencillamente quiero que abramos los ojos… la Biblia dice que
el hombre de doble ánimo es inconstante en TODOS sus caminos. No puedes ser el
mejor en el trabajo y en otras cosas no. Eres lo que eres en cualquier lugar…
paremos de justificarnos… y meditemos. Creo que es tiempo de hacer como dice la
Biblia, buscar lo de arriba, dar lo mejor al que me dio lo mejor, y que el
mundo vea con nuestras acciones que nuestro tesoro no está aquí en la tierra
sino en el cielo.