En esta ocasión
vamos a trabajar algo que uno de nuestros lectores nos ha pedido. Trabajamos
estos temas, ya que son relevantes y pertinentes a nuestro conocimiento, como
ministros, tanto como creyentes. Entiéndase que lo primero es Dios, luego la
familia y por último el ministerio… Tomando esto en cuenta, se ha planteado el
siguiente debate:
En una
familia hay alguien que tiene un llamado de parte del Señor, se esté ejerciendo
o no, sea evangelístico, pastoral, etc. ¿Qué sucede si un miembro de su familia
le pide que renuncie a ese llamado (no a Dios), es decir, renunciar al
ministerio? ¿Qué acción debe tomarse?
Esto es
algo bien difícil, a lo que muchos tienen diversas opiniones, justificaciones o
puntos de vista, en muchas cosas. La realidad es que es importante destacar que
Dios fue quien hizo el llamado. Existe una gran variedad de casos… Tenemos
aquellos que se afanan por el ministerio y abandonan a la familia. Es ahí donde
se levantan muchos a decir que el primer ministerio es la familia. Otros
abandonan el ministerio por la familia…
¿Qué dice la biblia?
1.
”Buscad primeramente el reino de Dios...."
(Mateo 6:33)
2.
Jesús
dijo en el libro de Mateo: El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es
digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí…
(Mateo 10:37), Es decir, si tu matrimonio va primero que Él, no
eres digno. Si tu familia va primero que Él, no eres digno.
Por
otra parte, se debe pensar que, si alguien está dispuesto a darlo todo hoy,
debe reflexionar y ver lo que estás dispuesto a perder por Jesús.
1.
Podemos entender que una familia que no acepte
el llamado que Dios hizo, no está contendiendo contra la persona que Dios escogió,
sino contra Dios mismo.
2.
Si mi familia me pidiera esto, pudiera dolerme
por dos razones:
a.
Sentiré que nunca cumplí con mi responsabilidad
de educar a mi familia acerca de las prioridades: Antes que yo,
está el Señor.
b.
Me dolería que mi familia me amara a mí, más que
a Dios.
c.
Fallaría como sacerdote si mi familia adopta una
postura en la que su felicidad gire en torno a una visión tan materialista
e individual, cuando la pasión de todo cristiano, antes de cualquier cosa
en este mundo, debe ser Dios mismo, pues la felicidad es Dios mismo...
Es incómodo pensar que una familia
quisiera la renuncia de uno de los suyos a una pasión (Cristo mismo, no el
ministerio), por estar con ellos, o dedicar tiempo, etc. No digo que no
se debe compartir con la familia. Entendemos que Dios llama al hombre a
ser buen sacerdote del hogar, así como a amar, respetar y honrar a la esposa,
como Cristo amó la iglesia. Igualmente llama a la mujer a ser sabia, y
buena administradora de su hogar. Llama a la mujer a ser prudente, a
cercar su casa y anticiparse al futuro, (según Proverbios 31, Mujer sabia
edifica su casa, más la necia con sus manos la destruye). En otras
palabras, no hay duda de la responsabilidad que cada ministro, o persona que
responde al llamado de Dios, tiene para con su casa. No obstante, hace un
tiempo escuchaba de un pastor que estuvo trece años pastoreando y su esposa se
cansó y una tarde luego de un fuerte domingo luego de la iglesia sencillamente
le dijo ¨tu escoges o el pastorado o yo¨… El pastor intentó buscar una solución
pero su esposa sencillamente no amaba el sueño de Dios para él. Luego de dos
meses el pastor sencillamente renunció al pastorado por tal de ganar a su
esposa. Muchos lo aplaudieron, otros lo criticaron. Veinte años después con
lágrimas en los ojos, este le confesó a su hijo mayor que llevaba veinte años
haciendo feliz a su madre, pero que él se sentía frustrado, pues sabía que no
había cumplido el sueño de Dios en su vida.
Cuando escuché esta historia mi corazón no pudo evitar saltar porque sencillamente, si algo hay seguro en esta vida es el cielo, pero… ¿qué estamos dispuestos hacer por retener la salvación?
Ojo… No hay nada más hermoso que la familia. Dios mismo la constituyó, la estableció, la posicionó en sus planes, en su eternidad están nuestras familias… Pero una de las razones por la cual existen nuestras familias es para trabajar para Él, vivir por el morir por Él… Pienso que es ahí donde muchos no comprenden que una vez que nuestras familias cristianas han perdido este norte, no pueden arrastrar al que todavía entiende que no se trata de nosotros sino de Él… que lo que podemos pensar o sentir no es nada porque todo se trata de Él. Es importante, conocer a quien elegimos como nuestra ayuda idónea y como sacerdotes de nuestro hogar.
Lewis decía: si encuentro en mí un deseo que ninguna experiencia de este mundo logre satisfacer, lo más probable es que me hayan creado para vivir en otro mundo. Cuando leí esto sencillamente confirmé que ningún trabajo, dinero, matrimonio, familia, ministerio, podrá llenar lo que solo Jesús llenará. Juan dice que no somos de este mundo, entonces la forma en que vivimos debería ser con los pies en la tierra, pero nuestra mirada en el cielo.
Agustín dijo: nuestro corazón andará inquieto mientras no descanse en ti… Nuevamente, Jesús es todo y pudiera pasar que nuestro egoísmo no nos deje ver cuando queríamos buscarlo realmente, queríamos ser hallados porque todo era yo cuando se trataba de Él... hasta nuestros intentos por acercarnos a Él van en busca de algo para nosotros y no para Él… Entonces.. ¿Qué le estamos dando?
Para cerrar… Un ministerio es una labor que Él te encomendó. Un matrimonio lo escoges tú. Asegúrate de dejarle saber a tu pareja o familia, antes de establecer un compromiso, que tienes un llamado. Asegúrate de que esta persona ame lo que amas, no que te ame a ti más que a Dios, sino que ame a Dios sobre toda las cosas. He allí la verdadera felicidad, el verdadero deleite. Si ya tienes pareja, y como le pasó a aquel pastor, te retan a renunciar a un llamado, piensa: hacer feliz a mi esposa o familia, o buscarlo primero a Él y cumplir su propósito y confiar que Él se encargará de trabajar lo demás. Son muchos factores, pero lo más importante es que Dios sea lo primero, porque lo demás será ordenado… recuerda no eres de este mundo… Acumula tesoros en el cielo, no en la tierra. Honra a tu familia, pero sobre todo, honra a Dios, y verás sus añadiduras en tu vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario