lunes, 22 de mayo de 2017

¿Cual es tu excusa?

Excusa es una palabra que se define como el acto y resultado de excusar (es decir, enumerar razones o causas para despojarse de eventuales culpas, no tener ganas de hacer algo, liberar a alguien de una obligación o responsabilidad, impedir que algo perjudicial se concrete). La excusa, por lo tanto, constituye un pretexto que se aprovecha para evitar obligaciones o disculpar alguna omisión. Nuestra sociedad vive de eso, lamentablemente todos quieren ser jefe, ser felices y tenerlo todo, pero lo único que hacen es poner excusas y excusas.

No se si tengamos alguna excusa, pero recuerdo la película la pasión de Cristo y todo intento de excusa en mi vida desaparece por la sencilla razón que Jesús tenia todas las excusas del mundo para abandonar su misión y cuando digo todas, es todas, pero no lo hizo, por la sencilla razón de que cuando amas algo de verdad, cuando algo realmente te apasiona, y no te mueve ni el dinero ni el reconocimiento, sino una pasión real, nada es excusa. Jesús pudo poner de excusa el dolor, el quebranto, la sed, etc. pero no, nada de eso fue excusa porque te amó y su pasión tiene nombre y eres TÚ.

El cansancio no es excusa cuando la Biblia dice que: “Dios da fuerzas al que no tienen ninguna”. La enfermedad no es una excusa cuando hay millones de personas con cáncer y sin un brazo o pierna y viven para Dios. Tu familia no es una excusa porque la Biblia dice: “mi casa y yo serviremos a Jehová” o sea, tu familia es para servir. Existen misioneros que le dicen a sus hijos que tal vez es la última vez que los verán porque en cualquier momento los matan, y han muerto y sus hijos gritan del amor de su padre o madre al morir por la causa de Cristo. El desanimo no es excusa porque el mismo Jesús estaba desanimado, pero esto no es por ánimos o emociones, esto es por convicciones.

La gente que tiene éxito en la vida es porque no tienen excusas. Los grandes hombres de la Biblia no pusieron excusas. Para cada excusa existen mil razones para lanzarte. Pero es triste que para el lugar que mas excusas ponemos es la iglesia.

No puedo ir a la iglesia porque…

-       “Estoy cansado”, pero la Biblia dice en Isaías que Dios le multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna.
-       “Mi familia vino de viaje”, pero la llevas al Yunque y al Morro y no a la iglesia.
-       “Mis estudios no me dejan”, pero oras a Dios para que te ayude.  ¡Sin sentido! Y la Biblia dice: “buscad el reino de Dios y su justicia y lo demás vendrá por añadidura."
-       “Porque no me siento con ganas”, pero sí puedes ir al trabajo sin ganas.
-      “No puedo ir a la iglesia porque hay pecado”, y en tu trabajo y en tu casa también.
-   Y la mejor: “no voy a la iglesia porque me ofendieron y no hay unión”, pero cuando tu familia te ofende y no hay unión, ¿te vas? ¿no verdad? pues no es excusa.

Solo quiero que reflexiones. Pudiera seguir enumerando, pero la verdad es que no hay excusas, no las hay. Hay un dicho que dice: “me quejaba de estar descalzo hasta que vi un hombre que no tenia pies”, así que hazme el favor y deja las excusas, que siempre a tu lado hay alguien peor que tu y sí esta trabajando. ¿Cual es tu excusa para seguir viviendo una vida mas y no una abundante?


Te tengo noticias: ¡NO HAY EXCUSAS!

Perdóname pastor…..

Entender el trabajo pastoral es uno que muchos creen saber pero pocos comprender. En los últimos dos meses he tenido muchos diálogos inesperados con pastores que renuncian, que me llaman con un grito de auxilio, que me dicen que no pueden mas, y mil cosas que sencillamente me duele, y mucho. Hoy no escribo como pastor, hoy escribo como oveja que fui y que siempre seré.

Perdóname pastor por olvidar que eres humano y que te cansas, perdóname por creer que eres un súper humano cuando eres tan frágil como yo. Perdóname pastor por olvidar darte gracias ya que estaba tan acostumbrado a pedirte y exigirte, que olvide lo mas importante, que es darte gracias. Perdóname pastor porque no sabia que como mismo yo peco una y otra vez y Dios me perdona, olvidé que tu también pecas y muchas veces fui yo el que hice de tu pecado un escándalo y no lo trate como si fuera mi pecado. Perdóname pastor porque predicabas todos los domingos con amor y pasión, pasabas horas orando y leyendo la palabra para darme lo mejor y no te hacia caso, pero venia otro predicador y sí lo escuchaba y lo honraba. Perdóname pastor por unirme a otros hablar mal de ti, por desobedecerte, por tratarte mal. Perdóname porque siempre estabas para mi cuando te llamaba, pero yo no lo estaba. Perdóname porque prefería hacer lo que yo quería en vez de caminar en obediencia, perdón por decirte te amo cada domingo en la puerta y luego hablar a tus espaldas. Perdón por olvidar que lo único que querías para mi era lo mejor y lo olvide. Perdón porque me molestaba ver que cometieras errores, como si no tuvieras derecho a faltar también. Perdón por escuchar a todos menos la voz correcta que me puso Dios aquí en la tierra, la tuya. Perdón por desahogarme con todos menos contigo. Perdón por no entender que eres el primero en llegar a la iglesia, el último en irte, que tienes familia y aun así estas para nosotros, que quieres vacaciones, pero estas para nosotros, que te sientes cansado pero aún así sigues. Perdóname porque hablaba de todos menos de mi pastor, porque me tiraba fotos con todos y decía lo importante que eran esas personas en mi vida, y tal vez ninguno estuvo en mi momento mas difícil, pero no me tiraba foto con usted para que no pensaran que yo era “lambe ojos”, pero tirármela con alguien que conocía hace dos semanas es reconocer su amistad. Perdón porque nunca supe gritar el valor de usted en mi vida y lo mucho que hizo, hace y sé que seguirá haciendo.  Una vez mas perdóname pastor.

Las casas de los pastores son de cristal, todos pueden fallar, pero ellos no pueden porque se entera el mundo y ya son los peores. Su trabajo es 24 horas al día, no duermen ni tienen vida y la mayoría sufre de ansiedad y estrés. El 97% los traicionan, los acusan falsamente, y muchas veces por las personas que dicen amarlos. El 50% terminan en divorcios, 75% tienen depresión, 7,000 iglesias cierran al año, 1,500 pastores renuncian por la carga, el 80% no tiene un amigo de confianza y el 90% trabaja de 75 a 80 horas a la semana.

No olvides amar y honrar al que vela por ti, y si tienes que pedir perdón como yo, hazlo.

Perdóname pastor, y sobretodo, ¡GRACIAS!

sábado, 6 de mayo de 2017

Ahora no lo crees


Recientemente estaba viendo una estadística de un ministro que estaba haciendo un estudio acerca de las razones por las que la gente deja de ir a la iglesia y se apartan del evangelio. Él llegó a la conclusión de que la razón número uno es porque la gente de la misma iglesia destruyen a las personas.

Cuando vi las estadísticas, fue inevitable no moverme a escribir este blog, porque tengo una preocupación y es esa misma, “ahora no lo creemos”. A veces estamos orando por un milagro: "Señor haz un milagro", "haz algo en mi vida", y cuando Dios lo hace, decimos: “¿será posible?”...no creemos el milagro.

Me duele que nosotros los creyentes laceramos y destruimos a nuestros hermanos en Cristo. Muchos pastores han sido víctimas, muchos hermanos, hasta yo he sido víctima, porque como todos, yo he fallado. Y hay gente que cuando una persona falla, lo laceran, lo lastiman, en vez de orar por restauración.

Hay dos tipos de creyentes, están los que oran para que Dios los restaure, pero cuando Dios lo hace dicen: “hay que esperar a ver cuanto le dura”. Señores, cuando oramos por restauración debemos saber que Dios puede hacerlo, Dios puede cambiar a ese alcohólico, a ese hombre infiel, o a esa persona que robó. Entonces Dios los restaura, Dios los transforma, pero no lo creemos. No creemos en la restauración de Dios.

El segundo tipo de creyentes son los peores, aquellos que cuando alguien falla, lo sacan de su lista de santidad, los sacan de su lista de amigos, porque sencillamente la persona falló. Pero si es uno de los suyos, de su gente, de su familia, si creen en ellos, si le dan la oportunidad. Puede cometer mil errores la persona, pero creemos en él, pero en otras personas no lo hacemos.

Por eso a veces la gente se nos va de las iglesias. Y es triste, pero tenemos que comenzar a creer. Creer en el Dios de la restauración. Dios puede restaurar al adicto, al fornicario, al adultero, al homosexual…sí es cierto que la gente no cambiará de la noche a la mañana, algunos les tomará 1 año, otros 6 años, pero Dios sigue trabajando en ellos y tenemos que creer en ellos.

Es tiempo de que cuando le pidamos a Dios algo, y declaremos por las vidas que cambien, vamos a CREER en ese cambio. No cuestionemos si realmente Dios lo hizo o no, vamos a creer que Dios lo hizo, vamos apoyarlo, vamos a levantarlo. No seamos una iglesia que lacera y destruya a su hermano.

No te quedes en el “no lo creo”, “¿será posible?”, “¿Dios realmente lo habrá cambiado?”. Es tiempo de creer que el poder de Dios sí puede cambiar los corazones, de que sí puede transformar las vidas. Es tiempo  de que, con la misma seriedad que le pedimos a Dios misericordia por nosotros y le pedimos oportunidades nuevas, así mismo se la demos a aquel que también falló, sea mi hermano o amigo, o sea algún desconocido. Es tiempo de que la iglesia se una en un mismo sentir. El sentir de levantar, no destruir.