sábado, 6 de mayo de 2017

Ahora no lo crees


Recientemente estaba viendo una estadística de un ministro que estaba haciendo un estudio acerca de las razones por las que la gente deja de ir a la iglesia y se apartan del evangelio. Él llegó a la conclusión de que la razón número uno es porque la gente de la misma iglesia destruyen a las personas.

Cuando vi las estadísticas, fue inevitable no moverme a escribir este blog, porque tengo una preocupación y es esa misma, “ahora no lo creemos”. A veces estamos orando por un milagro: "Señor haz un milagro", "haz algo en mi vida", y cuando Dios lo hace, decimos: “¿será posible?”...no creemos el milagro.

Me duele que nosotros los creyentes laceramos y destruimos a nuestros hermanos en Cristo. Muchos pastores han sido víctimas, muchos hermanos, hasta yo he sido víctima, porque como todos, yo he fallado. Y hay gente que cuando una persona falla, lo laceran, lo lastiman, en vez de orar por restauración.

Hay dos tipos de creyentes, están los que oran para que Dios los restaure, pero cuando Dios lo hace dicen: “hay que esperar a ver cuanto le dura”. Señores, cuando oramos por restauración debemos saber que Dios puede hacerlo, Dios puede cambiar a ese alcohólico, a ese hombre infiel, o a esa persona que robó. Entonces Dios los restaura, Dios los transforma, pero no lo creemos. No creemos en la restauración de Dios.

El segundo tipo de creyentes son los peores, aquellos que cuando alguien falla, lo sacan de su lista de santidad, los sacan de su lista de amigos, porque sencillamente la persona falló. Pero si es uno de los suyos, de su gente, de su familia, si creen en ellos, si le dan la oportunidad. Puede cometer mil errores la persona, pero creemos en él, pero en otras personas no lo hacemos.

Por eso a veces la gente se nos va de las iglesias. Y es triste, pero tenemos que comenzar a creer. Creer en el Dios de la restauración. Dios puede restaurar al adicto, al fornicario, al adultero, al homosexual…sí es cierto que la gente no cambiará de la noche a la mañana, algunos les tomará 1 año, otros 6 años, pero Dios sigue trabajando en ellos y tenemos que creer en ellos.

Es tiempo de que cuando le pidamos a Dios algo, y declaremos por las vidas que cambien, vamos a CREER en ese cambio. No cuestionemos si realmente Dios lo hizo o no, vamos a creer que Dios lo hizo, vamos apoyarlo, vamos a levantarlo. No seamos una iglesia que lacera y destruya a su hermano.

No te quedes en el “no lo creo”, “¿será posible?”, “¿Dios realmente lo habrá cambiado?”. Es tiempo de creer que el poder de Dios sí puede cambiar los corazones, de que sí puede transformar las vidas. Es tiempo  de que, con la misma seriedad que le pedimos a Dios misericordia por nosotros y le pedimos oportunidades nuevas, así mismo se la demos a aquel que también falló, sea mi hermano o amigo, o sea algún desconocido. Es tiempo de que la iglesia se una en un mismo sentir. El sentir de levantar, no destruir.


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