En una ocasión me encontraba jugando baloncesto, deporte que practico
regularmente. En medio del juego comencé a sentir un dolor fuerte en mi
rodilla, pero los que me conocen saben que yo no me detengo. Seguí jugando, aunque
ya mi desempeño no era el mismo, hasta que el dirigente del equipo me dijo:
“tienes que sentarte”.
El problema de los fuertes es que siguen funcionando, aunque tengan desperfectos. Podemos seguir jugando, trabajando, pero necesitamos atender el desperfecto porque de lo contrario ese desperfecto se convertirá en un atraso. Yo, en mi deseo de seguir jugando, no me estaba dando cuenta que estaba siendo de atraso a mi equipo. No estaba siendo efectivo en mi juego.
El problema de los fuertes es que siguen funcionando, aunque tengan desperfectos. Podemos seguir jugando, trabajando, pero necesitamos atender el desperfecto porque de lo contrario ese desperfecto se convertirá en un atraso. Yo, en mi deseo de seguir jugando, no me estaba dando cuenta que estaba siendo de atraso a mi equipo. No estaba siendo efectivo en mi juego.
Esto pasa
mucho en las iglesias y en el mundo laboral. Cuando alguien cuenta con
nosotros, nos levantamos por compromiso, porque dependen de nosotros, pero no
necesariamente por fuerzas. Entonces no estoy siendo efectivo en mi llamado.
Estoy funcionando, pero me estoy quemando. Este es el famoso “burnout”. La gente está acostumbrada a correr en
“empty”.
Dios no
puede llenar corazones conformes. Es por eso que quiero compartir algunos
puntos que sirvan de fuerza a los fuertes.
- Recuerda quien es Dios. La Biblia nos dice en Isaías 40:28, que mi Dios no desfallece, ni se fatiga con cansancio. Hay gente que ha olvidado a Dios, ha dejado a Dios atrás y está funcionando con sus propias fuerzas. Dios va por encima del principio. El ya conoce tu final victorioso antes de tu principio. En momentos de presión, tienes que estar tranquilo y reconocer quien es Dios.
- Reconoce tus debilidades. La Biblia me dice que los jóvenes flaquean y caen (Isaías 40:30). El peor enemigo del creyente es su orgullo. El apóstol Pablo, aun siendo unos de los mayores apóstoles, vivía con un aguijón que lo abofeteaba y le pedía a Dios que le fuera quitado. Pero Dios le dijo: Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad.
- Aprende a esperar. Isaías 40:31 dice: “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas... Todos quieren fuerzas nuevas, pero pocos quieren esperar. Vuelve al lugar donde Dios te puso y espera. Isaías continúa diciendo: “levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Ya eres fuerte, pero sigues volando con las mismas alas, sigues comiendo con el mismo pico, sigues peleando con las mismas garras. El águila saca tiempo para renovarse porque sabe que el vuelo que emprenderá luego, será mayor.
Tu que eres
fuerte, entiende que no puedes seguir corriendo en “empty”. Si necesitas parar
el juego y sentarte, hazlo, pero solo para renovarte y regresar con mayor
fuerza. Permítele al Dios que no se cansa, que renueve tus fuerzas de día en
día. Fuerza a los fuertes…
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