miércoles, 5 de septiembre de 2018

¿Verse bien, o Sentirse bien?

Algo que regularmente practico todas las semanas es sacar un tiempo para correr, hacer cardio. Dentro de esos días voy a un gimnasio llamado “Fitness Xplosion” en Rio Grande, dirigido por unos excelentes entrenadores, Harold Millán y Zuleika Villanueva. En una ocasión, recuerdo que se me acerca una persona con unas dudas, las cuales llevaron a una conversación. Dentro del diálogo que teníamos, le pregunto... “¿Por qué usted está aquí? ¿Para verse bien, o para sentirse bien?”

Luego del diálogo me quedé meditando en esta pregunta. Trabajar en algo para “verse bien” y hacer algo para “sentirse bien”, son dos cosas totalmente diferentes. Hay personas que quieren ir a un gimnasio para verse bien y trabajan para obtener lo que quieren o alcanzar una meta. De esta manera, como tienen una meta propuesta, comienzan a trabajar en lo que representa para ellos mayor prioridad. Van al gimnasio para trabajar con los músculos, tríceps, bíceps, abdominales, pero el día que hay que hacer piernas no asisten, porque piensan que no es necesario, y tienen una finalidad o meta en particular. Evitan todo el ejercicio que consideren que no les va a ayudar a alcanzar su objetivo. Hacen el ejercicio que consideran que les ayudará a “verse bien” y no necesariamente “sentirse bien” físicamente. En el momento que logren su objetivo, dejan de dar continuidad a lo que un día se propusieron lograr.

Pensaba que en ocasiones vamos a la iglesia para vernos bien, y no para sentirnos bien. Hay gente que va a la iglesia para cumplir con un propósito o un objetivo, más que colectivo, personal. Buscan posición o ministerio para “verse bien”, pero cuando reflexionan acerca de su relación con Dios se dan cuenta de que no se sienten bien. Trabajan para alcanzar una posición o estatus, y en el camino, descuidan los aspectos más importantes en su vida como creyentes. Hay personas que entran al gimnasio de la iglesia a ponchar una tarjeta, cumplir con los ejercicios que creen convenientes para su salud espiritual, pero evitan los ejercicios de mayor sacrificio que realmente ayudan a ejercitar su fe en el Señor. Enfocados por un ministerio, por un rol, por una posición dentro de la iglesia pensamos que cumplimos con nuestra meta personal, pero no necesariamente cumplimos con el objetivo como parte del cuerpo de Cristo. Incluso, oramos, cantamos, o nos congregamos para “vernos bien” ante la gente, el pastor o los líderes; pero nuestro corazón no “se siente bien”, porque está carente de ejercicios que fortalecen y llenan nuestra necesidad de Dios.

Hoy quiero compartir contigo esta reflexión, porque es necesario que tengamos la disciplina correcta, para más que vernos bien, podamos sentirnos bien. Hay gente que quizás luzca una musculatura exterior, pero mantienen una debilidad interior. Mucha fuerza, poca resistencia. Mucha potencia, poco rendimiento. Por otra parte, hay gente que quizás no luzca físicamente “fuerte” pero tienen un rendimiento y una resistencia increíbles. En ocasiones, “sentirnos bien” va a provocar que muchas veces no nos “vean bien”. Nos dirán... “Tú nunca predicas, no coges parte en la iglesia...” Pero eres el que da de comer a los deambulares en la luz, el que intercede a las 3:00am por tu prójimo, el que tiene el fruto de paciencia, benignidad o mansedumbre. Tu enfoque es “sentirte bien” y agradar a Cristo, más que “verte bien” delante de la gente y ganar su aprobación. Más que vernos bien, debemos sentirnos bien. Más que hacer ejercicios por una meta personal de vernos bien, debemos hacerlo para sentirnos bien. Más que ir a una iglesia para vernos bien, vayamos a la iglesia para sentirnos bien.

Consejo de un joven pastor...

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