martes, 4 de diciembre de 2018

Adoptados



Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! Romanos 8:15

¿Por qué Dios se presenta como un Padre que adopta?

La adopción es la representación más grande del amor del Padre hacia nosotros. En la tierra hay personas que, como yo, hemos tenido el privilegio de amar a alguien que no tiene ningún vínculo con nosotros, y cuando uno es pastor también lo hace. 

Pero, ¿por qué la adopción representa la mayor muestra de amor?

Adoptar es tomar un hijo ajeno como propio. Cuando hacemos eso, nos arriesgamos a recibir lo peor, pero nos arriesgamos a dar lo mejor. Cuando somos padres y tenemos hijos de sangre, desde el primer día tenemos una conexión, una relación de amor,pero ese amor es porque SABES que eso es TUYO, y la gente ama LO QUE ES suyo. ¿¿Pero, amar ALGO que no es suyo?? Eso es AMAR. Cuando tienes esposo o esposanovio o novia, claro que hay “amor”, pero es fácil porque ambos RECIBEN de parte y parte, pero amar es DAR sin esperar nada a cambio. 

La adopción regala amor con el riesgo de que el hijo te deje de amar porque NO ERES SU PADRE “VERDADERO”, cuando realmente padre es el que está CUANDO NADIE ESTÁ. La adopción tiene el riesgo de que te dejen de amar porque no hay sangre que obligue al hijo a permanecer, te van a dar la espalda sin tener la autoridad de exigir, no puedes hacerlo porque no eres su “padre verdadero”. Pero QUE GRANDE AMOR,cuando no tiene tu sangre, no tiene tu apellido, no se parece a ti físicamente, pero AÚN ASÍ EL PADRE DA LA VIDA por ese hijo que sencillamente no reconoce el amor INCONDICIONAL de ese Padre. 

Hoy, esto es para ti padre/madre que adoptaste, que amaste y lo sigues haciendo. No dejes de amar, porque tu amor es el más puro que existe, un amor real y verdadero sin conveniencia, no por lo que esa relación te pueda dar, sino por lo que te quita, y eres tú mismo el que se entrega. 

Si algún hijo me lee, y sobretodo los hijos que hemos sigo adoptados por el Padre, valoremos el AMOR INCONDICIONAL de aquellos que estuvieron, están y estarán siempre, aun cuando le demos la espalda. 
Al final, alguien nos amó, que no debía hacerlo, alguien estuvo,cuando nadie estuvo, al final todos hemos sido...

ADOPTADOS

miércoles, 5 de septiembre de 2018

¿Verse bien, o Sentirse bien?

Algo que regularmente practico todas las semanas es sacar un tiempo para correr, hacer cardio. Dentro de esos días voy a un gimnasio llamado “Fitness Xplosion” en Rio Grande, dirigido por unos excelentes entrenadores, Harold Millán y Zuleika Villanueva. En una ocasión, recuerdo que se me acerca una persona con unas dudas, las cuales llevaron a una conversación. Dentro del diálogo que teníamos, le pregunto... “¿Por qué usted está aquí? ¿Para verse bien, o para sentirse bien?”

Luego del diálogo me quedé meditando en esta pregunta. Trabajar en algo para “verse bien” y hacer algo para “sentirse bien”, son dos cosas totalmente diferentes. Hay personas que quieren ir a un gimnasio para verse bien y trabajan para obtener lo que quieren o alcanzar una meta. De esta manera, como tienen una meta propuesta, comienzan a trabajar en lo que representa para ellos mayor prioridad. Van al gimnasio para trabajar con los músculos, tríceps, bíceps, abdominales, pero el día que hay que hacer piernas no asisten, porque piensan que no es necesario, y tienen una finalidad o meta en particular. Evitan todo el ejercicio que consideren que no les va a ayudar a alcanzar su objetivo. Hacen el ejercicio que consideran que les ayudará a “verse bien” y no necesariamente “sentirse bien” físicamente. En el momento que logren su objetivo, dejan de dar continuidad a lo que un día se propusieron lograr.

Pensaba que en ocasiones vamos a la iglesia para vernos bien, y no para sentirnos bien. Hay gente que va a la iglesia para cumplir con un propósito o un objetivo, más que colectivo, personal. Buscan posición o ministerio para “verse bien”, pero cuando reflexionan acerca de su relación con Dios se dan cuenta de que no se sienten bien. Trabajan para alcanzar una posición o estatus, y en el camino, descuidan los aspectos más importantes en su vida como creyentes. Hay personas que entran al gimnasio de la iglesia a ponchar una tarjeta, cumplir con los ejercicios que creen convenientes para su salud espiritual, pero evitan los ejercicios de mayor sacrificio que realmente ayudan a ejercitar su fe en el Señor. Enfocados por un ministerio, por un rol, por una posición dentro de la iglesia pensamos que cumplimos con nuestra meta personal, pero no necesariamente cumplimos con el objetivo como parte del cuerpo de Cristo. Incluso, oramos, cantamos, o nos congregamos para “vernos bien” ante la gente, el pastor o los líderes; pero nuestro corazón no “se siente bien”, porque está carente de ejercicios que fortalecen y llenan nuestra necesidad de Dios.

Hoy quiero compartir contigo esta reflexión, porque es necesario que tengamos la disciplina correcta, para más que vernos bien, podamos sentirnos bien. Hay gente que quizás luzca una musculatura exterior, pero mantienen una debilidad interior. Mucha fuerza, poca resistencia. Mucha potencia, poco rendimiento. Por otra parte, hay gente que quizás no luzca físicamente “fuerte” pero tienen un rendimiento y una resistencia increíbles. En ocasiones, “sentirnos bien” va a provocar que muchas veces no nos “vean bien”. Nos dirán... “Tú nunca predicas, no coges parte en la iglesia...” Pero eres el que da de comer a los deambulares en la luz, el que intercede a las 3:00am por tu prójimo, el que tiene el fruto de paciencia, benignidad o mansedumbre. Tu enfoque es “sentirte bien” y agradar a Cristo, más que “verte bien” delante de la gente y ganar su aprobación. Más que vernos bien, debemos sentirnos bien. Más que hacer ejercicios por una meta personal de vernos bien, debemos hacerlo para sentirnos bien. Más que ir a una iglesia para vernos bien, vayamos a la iglesia para sentirnos bien.

Consejo de un joven pastor...

sábado, 30 de junio de 2018

La Gloria de Dios

Mientras iba dialogando con algunas de mis ovejas, esperando un vuelo de Tokyo a Los Ángeles, ocurrió algo en mí, que tuve que retirarme en el terminal 108 del aeropuerto Haneda en Japón.

Por muchos años, hemos clamado y pedido la “GLORIA DE DIOS”  para nuestras vidas. Vamos a la iglesia, queremos sentir y ver la “GLORIA DE DIOS”. Varias veces, cantamos “Algo está cayendo aquí”,  “For Your Glory”, “Como dijiste” y muchos otros temas, que nos invitan a experimentar la “GLORIA DE DIOS”.  Nos motivan a abrazarla, a amarla, y de hecho, vamos a congresos y campamentos, y decimos: ¡Wow, qué gloria terrible!,  ¡Qué clase de campamento!,  llenamos las redes sociales y todo es… ESA EXPERIENCIA DE GLORIA.

Creo que mucho se puede decir de la “GLORIA DE DIOS”, y podríamos ir al griego y a la raíz etimológica para entenderlo, pero quiero que nos ahorremos eso ahora… Cuando hablamos de “GLORIA”, hablamos de la manifestación de un Dios, para que disfrutemos de su amor por nosotros. Para explicarte de la forma más sencilla, la diferencia entre “PRESENCIA” y “GLORIA”, te voy a dar un ejemplo. Cuando ando con mi hija, y estamos con otras personas, ellos ven y sienten la presencia de ella; pero créanme, no han visto su manifestación (gloria) cuando ella hace sus travesuras de niña jajajaja.  Así es Dios, como DIOS OMNIPRESENTE, su “PRESENCIA” está en todo lugar, pero nosotros, hemos categorizado su “GLORIA” a ciertas acciones y momentos.

Definimos y decimos que Dios es grande cuando danzamos, hablamos lenguas, corremos en el Espíritu, vemos un enfermo sanarse, cuando un paralítico camina, y puedo mencionar una lista larga, y SÍ, es la MANIFESTACIÓN de Dios, SÍ, es su GLORIA, pero hoy quiero compartirte la GLORIA NO VISTA.

Yo veo la “GLORIA DE DIOS” en mis padres, que dejaban de comer para darme todo. Yo veo la “GLORIA DE DIOS” en una persona, que se detiene a ayudar a cambiar la goma a otro. Yo veo la “GLORIA DE DIOS” en mi esposa, como ama y cuida a nuestros hijos, aun sin fuerzas. En una oveja que no tiene dinero, y aun así, bendice a otro. En amistades que dan la vida por uno. Veo la “GLORIA DE DIOS”  cuando observo la capacidad de perdonar las faltas. Veo la “GLORIA DE DIOS”  en un niño que intenta ayudar, aun sin poder. Veo la “GLORIA DE DIOS”  en una abuela, que no tiene fuerzas, pero prende la olla para cocinarle a toda la familia. Veo la “GLORIA DE DIOS”  cuando veo uno que no profesa mi misma religión, y me ama. Veo la “GLORIA DE DIOS”  cuando encuentro gente que crea puentes y derriba murallas. Veo la “GLORIA DE DIOS”  cuando no hay avaricia ni competencia en los corazones. Veo la “GLORIA DE DIOS”  cuando un pastor crece junto a su congregación. Veo la “GLORIA DE DIOS” cuando la gente está más pendiente en lo que puede hacer por otros, que esperando y exigiendo que hagan algo por ellos. Veo la “GLORIA DE DIOS” cuando puedo perdonar y ser perdonado. Veo la “GLORIA DE DIOS”...

Los discípulos llamaban “GLORIA”  a los milagros, pero Jesús llamaba “GLORIA” a amar al prójimo.
No se trata de que la iglesia de antes viera más gloria que la de ahora, y que olvidemos “QUÉ ES LA GLORIA”. Cuando cayó el Espíritu Santo, dice al final del capítulo 2 de Hechos, que todos tenían LAS COSAS EN COMÚN. La iglesia se enfocó en la llenura y olvidó el por qué de la llenura: UNIDAD.

SÍ hay GLORIA, SÍ hay un DIOS, pero comienza a verlo mas allá de un momento litúrgico; comienza a verlo en su mayor creación: TU PRÓJIMO.

Al final, un acto de amor, que es la esencia de Dios, no es otra cosa, que “SU GLORIA”.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Fuerza a los fuertes



En una ocasión me encontraba jugando baloncesto, deporte que practico regularmente. En medio del juego comencé a sentir un dolor fuerte en mi rodilla, pero los que me conocen saben que yo no me detengo. Seguí jugando, aunque ya mi desempeño no era el mismo, hasta que el dirigente del equipo me dijo: “tienes que sentarte”.

El problema de los fuertes es que siguen funcionando, aunque tengan desperfectos. Podemos seguir jugando, trabajando, pero necesitamos atender el desperfecto porque de lo contrario ese desperfecto se convertirá en un atraso. Yo, en mi deseo de seguir jugando, no me estaba dando cuenta que estaba siendo de atraso a mi equipo. No estaba siendo efectivo en mi juego. 

Esto pasa mucho en las iglesias y en el mundo laboral. Cuando alguien cuenta con nosotros, nos levantamos por compromiso, porque dependen de nosotros, pero no necesariamente por fuerzas. Entonces no estoy siendo efectivo en mi llamado. Estoy funcionando, pero me estoy quemando. Este es el famoso “burnout”.  La gente está acostumbrada a correr en “empty”. 

Dios no puede llenar corazones conformes. Es por eso que quiero compartir algunos puntos que sirvan de fuerza a los fuertes. 
  

  1. Recuerda quien es Dios. La Biblia nos dice en Isaías 40:28, que mi Dios no desfallece, ni se fatiga con cansancio. Hay gente que ha olvidado a Dios, ha dejado a Dios atrás y está funcionando con sus propias fuerzas. Dios va por encima del principio. El ya conoce tu final victorioso antes de tu principio. En momentos de presión, tienes que estar tranquilo y reconocer quien es Dios.
  2. Reconoce tus debilidades. La Biblia me dice que los jóvenes flaquean y caen (Isaías 40:30). El peor enemigo del creyente es su orgullo. El apóstol Pablo, aun siendo unos de los mayores apóstoles, vivía con un aguijón que lo abofeteaba y le pedía a Dios que le fuera quitado. Pero Dios le dijo: Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad.
  3. Aprende a esperar. Isaías 40:31 dice: “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas... Todos quieren fuerzas nuevas, pero pocos quieren esperar. Vuelve al lugar donde Dios te puso y espera. Isaías continúa diciendo: “levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Ya eres fuerte, pero sigues volando con las mismas alas, sigues comiendo con el mismo pico, sigues peleando con las mismas garras. El águila saca tiempo para renovarse porque sabe que el vuelo que emprenderá luego, será mayor. 


Tu que eres fuerte, entiende que no puedes seguir corriendo en “empty”. Si necesitas parar el juego y sentarte, hazlo, pero solo para renovarte y regresar con mayor fuerza. Permítele al Dios que no se cansa, que renueve tus fuerzas de día en día. Fuerza a los fuertes…